Debo abrir los ojos, mirar al frente, y disfrutar del presente. Estoy cansado de esperar a un futuro incierto que nunca llega, cansado de hacer unos planes de futuro condicionados a la voluntad, capricho y deseo de otras personas que no me demuestran el mismo grado de implicación, cansado de necesitar la presencia de otra persona para sentirme bien, como si de una droga se tratara.Debo abrir los ojos, y entender que cuando la persona que dice que te quiere antepone a otras personas o cuestiones materiales a ti, es que no te quiere, sin más. Entender que lo que tú entiendes por amor, quizás nadie más en el mundo lo sienta de la misma forma, y que el mundo no se acaba por vivir solo el resto de tu vida. Entender que aunque tú darías tu vida sin pensarlo por la persona a la que amas, esa persona no haría lo mismo por ti. Entender que no puedes pretender lo contrario de lo que es, porque lo que es, es lo que hay, y no hay más.
Debo abrir los ojos, y acordarme de cuando disfrutaba de la vida sin conocer el amor verdadero. Acordarme, simplemente, de disfrutar, yo, solo yo. Ser egoísta y mantener a mi lado todo lo que desee, cueste lo que cueste, y no dejarlo marchar nunca.
Quizás ahora me arrepienta de haber dejado de lado mis deseos para que la persona a la que amo encuentre la felicidad. Todo el mundo es egoísta, ¿por qué yo no lo soy? ¿por qué a mí no me sale la maldad, cuando a todo el mundo le sobra? ¿por qué hacer lo que los otros quieren que haga, cuando los otros no estarán ahí cuando yo sea un viejito solitario que se muere en un lugar de mala muerte, sin nadie que le haga compañía?
Yo sólo quería disfrutar de la persona que me fue asignada, de la que el destino tenía destinada para mí, de la persona más maravillosa del mundo. Y la dejé marchar, porque soy un imbécil. Y ya es demasiado tarde...
Siento que he tirado mi vida por el retrete, con la intención y esperanza de que alguien sea feliz. Me siento estafado y defraudado por mí mismo. Me siento un imbécil.
Ahora sufro por no tener aquello que he deseado toda mi vida, y que tenía hace tan sólo unos días. Ahora sufro también porque nunca sabré si se cumplirá aquello por lo que tiré mi vida por la borda. Ahora sufro también porque me veo como un imbécil.
Lo que daría yo ahora mismo por dar un paseo con la mujer más maravillosa del mundo. Ay, lo que daría. Sería capaz de actuar durante toda mi vida delante de su familia, de beber todos los litros de alcohol que fueran necesarios, de pasarme años enteros encerrado solo entre mis cuatro paredes, de ir a su pueblo cada fin de semana durante el resto de mi vida... Ay, lo que daría por un sólo paseo con ella.
Pero ya es tarde. Abre los ojos, imbécil, abre los ojos.
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