Los demás me llaman "raro"... yo prefiero denominarme "especial".

05 noviembre 2007

asumir

asumir.

(Del lat. assumĕre).

1. tr. Atraer a sí, tomar para sí.

2. tr. Hacerse cargo, responsabilizarse de algo, aceptarlo.

3. tr. Adquirir, tomar una forma mayor.



Empiezo a asumir mi situación, es decir, me responsabilizo de lo ocurrido, y lo acepto. Es una sensación extraña, entre tristeza, madurez, y una especie de alivio porque empieza a dejar de doler. Pasa el tiempo, que han sido semanas, pero para mí han sido como años, y el estar sin ella empieza a convertirse en normalidad.

Hoy me ocurrió algo que me hizo muchísima ilusión. Tuve una entrevista de trabajo muy importante, en la que me podrían dar el cargo de mis sueños, de jefe de proyectos de Málaga, en una multinacional. Seguiría teniendo mi residencia en Madrid, pero además estaría muchísimo tiempo en Málaga, donde incluso podría comprarme mi segunda vivienda allí. Además me harían viajar por América, por Argentina, Brasil, e incluso EEUU, donde tienen su sede central. La entrevista fue muy bien, y me dijeron que me llamarían para una segunda ronda.

Quizás sea la gran oportunidad de poner en orden mi cabecita y, entonces sí, poder encontrar las fuerzas necesarias para hacer feliz al amor de mi vida, sin problemas que necesite hacer suyos... Sólo ella, yo, y todo el amor que está rabioso dentro de mí deseando salir y comérsela a besos.

Estaba muy feliz e ilusionado ante esa posibilidad. Y deseaba compartir aquello con la mujer a la que amo. Pero al contárselo en la IM, ella parecía distante y poco dada a compartir mi fiesta. Estaba trabajando en su proyecto... No sé de qué me suena eso... No sé si fue venganza, o simplemente que no le interesa lo más mínimo mi futuro, pero lo cierto es que me dio en las narices con su plena indiferencia, y seguro que me lo tengo merecido. Quizás tampoco le hizo gracia que le dijera que me voy de Madrid, aunque no sea para siempre sino eventualmente... aunque eso significaría que ella también tiene esperanzas con un futuro juntos, y me cuesta creer que eso sea así.

Lo curioso es que es ahí donde me di cuenta de que empiezo a asumir la situación, porque, me afectó, pero no tanto como me habría afectado en otras ocasiones, en las que sin duda habría acabado llorando como una magdalena, como una nenaza consentida a la que no le hacen caso. Esta vez me lo tomé con calma, y aún dolíendome seguí con mis quehaceres diarios, es decir, trabajando.

La echo mucho de menos, y eso jamás cambiará, pero ahora la echo de menos sin que me duela tanto. Y espero que cuando el miércoles la vea frente a mí, no se desmorone como la arena toda esta muralla que tanto trabajo y esfuerzo me ha costado levantar. Estoy seguro de que mis murallas ni siquiera se sentirán en peligro, porque no habrá nadie que quiera asaltarlas. Ella lo tiene más asumido que yo.