esperanza.
1. f. Estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos.
2. f. Mat. Valor medio de una variable aleatoria o de una distribución de probabilidad.
3. f. Rel. En la doctrina cristiana, virtud teologal por la que se espera que Dios dé los bienes que ha prometido.

Hoy me regalaron entradas para ir a ver un partido de fútbol del Real Madrid. Inmediatamente después se me ocurrió que quizás a la mujer más maravillosa del mundo le gustaría verlo, y le ofrecí ir conmigo. Inmediatamente después me acordé de que habíamos decidido no seguir con nuestra relación, hace tan sólo unas semanas, y que aquello quizás sonaría como una cita, e intenté arreglarlo insinuando que podría ir con algún amigo en lugar de conmigo... pero era demasiado tarde, y quizás la asusté.
Pienso que la asusté porque inmediatamente después lo rechazó con una excusa un tanto confusa. Había quedado para comer con su familia... Cuando los partidos son por la tarde-noche. Pero entendí su reacción, no sin antes pasar ligeramente por mi cabeza la paranoia, de nuevo, insinuándome la posibilidad de que ella hubiera hecho planes este puente con otro, y no me lo quisiera contar. Pero aprendo a entender y asumir que aunque así fuera, no tiene por qué contármelo.
Aún tengo que aprender mucho sobre esta nueva situación, y me queda por descubrir todavía cómo es hoy nuestra relación, y cómo será en el futuro. Quizás nunca más saldremos de cañas, quizás nunca más cenaremos juntos, quizás nunca más volvamos a emborracharnos, quizás nunca más hagamos un viaje, quizás nunca más volvamos a vernos después de mañana... Y también tengo que asumir esa posibilidad.
Tengo esperanza, es decir, estoy en un estado de ánimo en el que se me presenta como posible lo que deseo. Y quizás no sea bueno para mí mantenerla. Quizás no sea posible lo que deseo. Mañana nos veremos, quedamos para devolverle las cosas que dejó en mi casa, y no puedo dormir pensando en ese momento en el que, al fin, vuelva a ver a la mujer más maravillosa del mundo. Esta tarde metí todas sus cosas en una bolsa, y lo hacía como si me estuviera despidiendo de cada una... adiós cepillo, adiós pijama, adiós maquillaje...
Empiezo a entender lo ilógico de mis deseos... ¿Cómo pretender desear ver feliz a una persona, sin estar junto a ella, si no puedes verla? Quizás pensé que seríamos los mejores amigos eternamente. Quizás pensé que, aunque decidiera compartir su vida con otro, me lo contaría todo, y nos seguiríamos viendo a menudo. Quizás soy demasiado ingenuo.
Pero la esperanza sigue ahí, la de ser yo el ser más afortunado del mundo, el que comparta toda su vida con la mujer más maravillosa del mundo, pero sobre todo la esperanza de que ella sea todo lo feliz que se merece, aunque no sea yo quien lo vea.
Mañana la veré de nuevo, y no consigo dormir. Me siento igual que hace dos años, cuando tuvimos nuestra primera cita... nervioso, alterado, ansioso, feliz, ilusionado... Tengo la esperanza de que mañana me miren los mismos ojos que me miraron hace dos años, de volver a ver esa alegría que todo lo ilumina, de volver a encontrar a la mujer más maravillosa del mundo.
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