1. f. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien.
2. f. Satisfacción, gusto, contento. Las felicidades del mundo
3. f. Suerte feliz. Viajar con felicidad

Llegué antes que ella, y la vi llegar, sin que me viera. Se apoyó justo delante de mí, y aproveché para tener mi momento voyeur, contemplándola durante un rato, disfrutando de ese momento tan cerca de ella. Me acerqué, nervioso, me puse a su lado, y seguía sin verme. Estaba tan nervioso que no me atrevía ni a tocarla, ni a decirle nada. Me quedé obsevándola un rato más, junto a ella, casi tocándonos, y me recorría por el cuerpo un escalofrío indescriptible que me dejaba paralizado.
Le dije guapa, se giró, y volví a ver su preciosa cara, esa cara con la que llevo soñando día y noche durante siglos, esa carita que al sonreír me hizo el hombre más afortunado del mundo. Me temblaron las piernas, y me entraron ganas de echar a correr...
Fuimos a tomar unas cañas, y mientras me hablaba, me sentía tan feliz de volver a estar con ella, que tuve que esforzarme muchísimo para no llorar de alegría. Me hablaba, y no podía dejar de mirarla, incrédulo ante aquel momento, maravillado al contemplarla y disfrutar de su compañía.
Me contó más cosas sobre su proyecto. Me habló de que a lo mejor se iba este puente a un pueblo con sus amigos, y me morí de celos. Me contó que no sabía qué hacer este puente, y casi le pedí que hiciéramos planes juntos, de no ser porque me contuve. Me dijo que no le gustaba mi pelo tan largo, y no me lo corté al llegar a casa porque no me iba a dar tiempo. Yo quería contarle tantas cosas... y le conté tan pocas.
Aquel momento se terminó, nos echaron de nuevo de ese sitio, que de no ser porque me recuerda a ella lo odiaría. Nos fuimos directos al metro, y nos despedimos con dos besos, unos besos de amistad que sonaron muy extraños, como si estuvieran fuera de lugar, con una sensación de ridiculez que aún perdura, como aquel día que quedé con ella, y yendo despistado, fui a darle dos besos y ella se descojonó de risa. Dos besos agridulces, de dos amigos.
Me despedí, y me fui a mi casa, con una sonrisa de oreja a oreja, por la que algunos se me quedaban mirando, extrañados de ver a alguien feliz, en el metro. Deseaba llegar a casa cuanto antes para poder llorar de felicidad a gusto.
Pero llegué a casa, y entonces me acordé de que tengo un gravísimo problema. Es tanto lo feliz que soy cuando estoy a su lado, como triste cuando me separado de ella. Volví a tener esa sensación de tristeza y desamparo que casi tenía olvidada... Volví a recordar el motivo por el que no estoy hoy a su lado...
Hoy he recargado mis ilusiones con una sobredosis de felicidad, y me siento capaz de todo. ¿Pero seré capaz de solucionar mis problemas? ¿Conseguiré que llegue ese día en el que sea capaz de hacerla todo lo feliz que se merece? ¿Será tarde para entonces? Aún quedan muchas incógnitas. Pero hoy no me voy a preocupar por ello, porque hoy... soy feliz. Gracias princesa.
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