generosidad.
(Del lat. generosĭtas, -ātis).
1. f. Inclinación o propensión del ánimo a anteponer el decoro a la utilidad y al interés.
3. f. p. us. Valor y esfuerzo en las empresas arduas.
4. f. p. us. Nobleza heredada de los mayores.
En estos últimos días he descubierto un nuevo valor que añadir a mi futurible y deseable persona, la generosidad. Hasta hace unos días yo siempre había entendido la generosidad de una forma desvirtuada y falsa, materialista, pero ahora entiendo que la generosidad es mucho más, entiendo que es un valor de la persona, y entiendo que ese valor no sólo existe, sino que además es también exigible.Una relación debe ser generosa, complaciente, y además debe serlo sin esperar reciprocidad, aunque de hecho deba ser recíproca. En una relación, cuando quieres a alguien, procuras hacer lo que sea necesario para que la otra parte sea feliz, para que esté a gusto al menos, aunque eso suponga sentirte mal. Y al contrario, no le pides a tu pareja que haga algo que sabes que le hace sentir mal, por tal de sentirte bien tú mismo.
La generosidad es un valor que siempre he tenido, que siempre he ofrecido, y del que no tuve conciencia hasta hace muy poco tiempo, cuando descubrí que mi actual pareja posee ese valor de forma exagerada, y yo mismo ya no lo tenía... lo perdí... me lo arrebató mi anterior pareja.
Ella fue conmigo muy egoísta, y mi generosidad hacia ella nunca fue correspondida. En aquél momento me dolía, pero estaba tan deslumbrado por aquella mujer tan maravillosa, que lo pasé por alto, lo ignoré. Ella sabía que lo pasaba muy mal haciendo muchas cosas que ella me pedía, y aún así, me seguía pidiendo que las hiciera. Y yo las hacía, de mejor o peor grado, porque ante todo deseaba su felicidad.
Me dolió tanto haber sido tan generoso y no haber sido correspondido, que ahora, con N, no me sale, no puedo ser generoso con ella, rechazo sistemáticamente cualquier cosa que me pide que no me gusta, y además procuro siempre hacer todo aquello que a mí me gusta sin pensar en su felicidad. Me he vuelto egoísta.
Pero soy el orgulloso poseedor de otro valor, constante e inseparable a lo largo de toda mi vida, que es la capacidad y el deseo de mejorar como persona, de ser cada día la mejor persona posible. Y es ese valor el que me hace ver mis numerosos defectos, detectarlos, y fulminarlos. A partir de hoy se acabó el egoísmo. Tengo a la mejor profesora para ello, y seré el mejor alumno. Quiero volver a ser esa persona generosa que siempre fui. Yo sí quiero.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada