Los demás me llaman "raro"... yo prefiero denominarme "especial".

14 enero 2008

recuerdos perdidos

Hasta hace unos días, todos los recuerdos que tenía de ella eran recuerdos felices. Siempre que me la imaginaba, a diario, me la imaginaba feliz, riendo, con esos ojos achinados tan bonitos. Pero en estos últimos días cada vez que la recuerdo me invade una tristeza inmensa, cuando pienso en ella recuerdo que he descubierto a una persona que no conocía, una persona que me desprecia, sin motivo. Como si se hubiera quitado una careta que llevó delante de mí durante años.

Hace días que le envié el último email, y aún no me ha respondido. Hace casi un mes que me dijo que comiéramos juntos, ahora que trabajamos tan cerca, y aún hoy no se ha dignado ni a explicarme por qué motivo no hemos comido juntos, y ni siquiera nos hemos visto aunque sea para tomar una caña.

¿Qué le he hecho para que me rechace por completo? Al menos me merezco una explicación. Le he ofrecido todo, cuando éramos pareja, y cuando dejamos de ser pareja, y lo que he obtenido es su humillante desprecio. Aunque sólo sea por educación, que no digo ya por todo lo que hemos vivido juntos, me merezco una maldita explicación, que me hable bien clarito de una vez. Aunque eso quizás sea pedir demasiado.

En diciembre estuve en Málaga, en mi pueblo, con N, en un hotel en la playa. Salimos un par de veces con mis padres, y hoy hablé con ellos, y les pedí que me dijeran qué impresión les dió. "Se le ve una peazo de mujer, con los pies en la tierra, que sabe lo que quiere, no es ninguna niña"... Dios mío... esas palabras me sentaron como puñales en el corazón... porque enseguida la recordé a ella, a E. Recordé que estaba perdida, que no sabía quién era, ni qué quería, ni qué edad tenía. Recordé que intenté todo lo que estaba en mis manos para ayudarla a salir de ese punto tan negro, sin ningún éxito. Ahora veo que me puse un rol que no me correspondía, y que erré, como erré en otras tantas ocasiones. Si E no salía del nido, yo no debí haberla ayudado a salir, porque realmente no lo hice por ella, sino porque yo necesitaba que la mujer a la que amaba dejara de ser una niña y se convirtiera de una vez por todas en una mujer por los cuatro costados. Fue un acto egoísta, y debí haber acabado con aquella relación, sin más.

Mis recuerdos se van perdiendo. Ya no me produce alegría recordar aquellos momentos en Málaga, ni aquél mágico viaje a Egipto. Los recuerdos ahora me dan tristeza. Con la distancia estoy descubriendo a la E sin máscara, y lo que es peor aún, estoy descubriendo a la E real, con sus defectos, que antes pensaba que sólo eran circunstancias que debía ayudar a solventar.

La verdad, la realidad, es que ella es así, obediente a sus padres hasta el extremo, incapaz de tomar sus propias decisiones, sin saber qué quiere hacer con su vida, incapaz de ver la vida más allá de lo material, egoísta, sin capacidad para decir las cosas claras... Quizás, si lo hubiera visto todo hace unos meses como lo veo ahora, no habría pasado los días tan horribles que pasé. Pero ahora no es ningún alivio ni ninguna ayuda, todo lo contrario, siento una vez más que me equivoqué. Me quedé embrujado aquél mes de febrero cuando la vi en la oficina, vi a la mujer de mis sueños, la mujer perfecta, y sólo era una máscara que ahora tengo en mis manos.

Me siento totalmente defraudado, engañado por mí mismo. Ella no puede ser aquella maravillosa visión que tuve hace dos años. No tratándome así. No olvidándome de esta manera.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Parece que del amor al odio hay un solo y pequeño paso.

Persona Especial dijo...

No la odio, la sigo queriendo, tan sólo estoy muy dolido por lo que me ha hecho y lo que me hace, dolido por el hecho de que la persona más importante en tu vida te rechace, dolido porque me siento engañado por ella, e incluso por mí mismo.

No la odio, tan sólo estoy cabreado.

El amor no se ha ido, pero mis recuerdos estaban nublados por mi estado de obsesión por ella, y ahora lo veo todo bastante más realista, más claro.

Anónimo dijo...

Las personas suelen ser tan impredecibles, duele y molesta que sean asi y duele aun mas cuando es alguien a quien amaste, a quien te entregaste por completo durante tanto tiempo y no es capaz de reconocer nada y simplemente te rechazan sin motivo alguno y no son capaces de dar alguna explicacion del porque.

La decepcion es grande, pero llegar a odiar no vale la pena, solo te das cuenta que despues de todos los años transcurridos no supiste nunca con quien estuviste en realidad. Como dices tu... se saco la mascara.


Besos

Isabel